Los prejuicios son conceptos e ideas preconcebidos que tenemos sobre la realidad circundante para entenderla y manejarla mejor. Son muchas veces producto de nuestro entorno cultural social y nuestra experiencia como individuos. Sin embargo, pueden llegar a empañar nuestro entendimiento e impedir ver las cosas como son.
Ésta es la enseñanza principal que deja “El mito de la caverna” de Platón. El ser humano tiene un entendimiento limitado y está amarrado a la forma en que comprende el mundo. Sin embargo, hay que entender que a la hora de hacer ciencia hay que dejar de lado la subjetividad y las preconcepciones si queremos llegar a conocer la verdad.
En el caso de la investigación de mercado, el investigador -valga la redundancia- debe ceñirse a una serie de procesos con el fin de conocer cómo el consumidor se relaciona con una marca o servicio, independientemente de la opinión que pueda tener sobre éste. Lo que el cliente haga con el producto final que se le entregue, es asunto de él, pero nosotros ya hemos cumplido con nuestro rol. A la luz de esto me atrevería a decir con propiedad que siglos después, Platón sigue vigente.

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